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diariolibre.comBancarrotas brasileñas crean oportunidades de inversión en deuda con dificultades

La más larga y profunda recesión ocasiona incumplimientos de créditos corporativos e individuales récord.

Desde apartamentos y coches hasta ataúdes, liposucciones y papel higiénico, hay pocas cosas que en Brasil no se puedan comprar en cuotas, en parte un legado de la pasada lucha del país contra la hiperinflación.

Mientras que los compradores brasileños han tenido una enorme influencia sobre esta ‘cultura de crédito’ que ha acumulado una enorme deuda durante la última década, las empresas del país también han solicitado excesivos préstamos, animadas por los bancos públicos y por la entidad financiadora de desarrollo estatal: el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES).

A medida que Brasil se hunde en la recesión más profunda y prolongada de su historia, la bonanza crediticia del país ha llegado a un aparatoso final, provocando no sólo una ola de bancarrotas sino también la creación de algunas de las mejores oportunidades hasta el momento para los inversores en deuda con dificultades.

La semana pasada, la operadora de telecomunicaciones Oi solicitó protección bajo las leyes de bancarrota, la mayor en la historia de Brasil. La empresa, la mayor operadora de telefonía fija de Brasil, con sede en Río de Janeiro, se vio obligada a buscar protección de los acreedores en relación con R$65 mil millones (US$19 mil millones) en deudas después de que las conversaciones de reestructuración colapsaron antes de la inminente maduración de un bono de €231 millones denominado en euros.

Oi surgió de una fusión respaldada por el gobierno, y el recientemente derrocado Partido de los Trabajadores (PT) la animó a que aceptara negociaciones excesivamente ambiciosas para que se convirtiera en un “campeón nacional” capaz de competir con los participantes claves, mayormente extranjeros, del sector. Oi asegura que está operando con normalidad y que confía en que su plan de recuperación judicial tendrá éxito. Otros analistas opinan que la empresa o bien se venderá o se dividirá.

La caída en desgracia de Brasil — alguna vez considerado uno de los mercados emergentes favoritos — ha sido asombrosa. Tras contraerse un 3.8 por ciento en 2015, la economía de Brasil se contraerá más de un 3 por ciento este año. En septiembre del año pasado, la calificación crediticia del país fue rebajada por S&P Global Ratings (anteriormente Standard & Poor’s) a la categoría de basura, dificultando todavía más a las empresas brasileñas aprovechar los mercados internacionales de deuda. La creciente crisis política de Brasil, la cual llevó a la suspensión de la presidenta Dilma Rousseff en mayo en espera de un juicio político, lo hizo casi imposible.

“Sin una recuperación económica sostenida y sin un cambio radical en las condiciones políticas, el acceso al crédito resultaría difícil”, escribieron analistas de Fitch Ratings en un informe. “En Brasil, se anticipa que las empresas con menores calificaciones encuentren los mayores obstáculos para lograr una refinanciación con condiciones adecuadas, eso es si siquiera lograran obtenerla”.

Para numerosas empresas ya es demasiado tarde. De acuerdo con los últimos datos de la firma de investigación de crédito Serasa Experian, 409 empresas brasileñas presentaron solicitudes de protección por bancarrota durante el primer trimestre de este año, más del doble que hace un año.

La amplia investigación de la corrupción en Petrobras también ha acumulado presión sobre el sector petrolero, así como sobre las empresas de construcción implicadas en la trama de soborno y de pagos ‘bajo cuerda’. Aunque el gobierno del presidente interino Michel Temer pudiera intervenir para capitalizar a Petrobras, es poco probable que ofrezca apoyo financiero a las empresas del sector privado, declaró José Braga de PwC.

“Todo esto también ha tenido un efecto sobre los bancos”, aseguró Guilherme Ferreira de Jive Investments, el mayor comprador independiente de activos en dificultades de Brasil. “Cada compañía que fracasa deja otra ‘marca’ en la hoja de balance de los bancos”, comentó el Sr. Ferreira, añadiendo que para los bancos medianos, en particular, la situación ha sido un “cuento de terror”.

De acuerdo con la agencia de calificación Moody’s, Oi le debe un total de R$13 mil millones al BNDES y a los bancos estatales Caixa Econômica Federal y Banco do Brasil.

El lunes, el banco central declaró que los incumplimientos de préstamos entre los prestatarios individuales y corporativos subieron a un récord de 5.9 por ciento del crédito pendiente el mes pasado. Los analistas dijeron que los incumplimientos serían aún mayores si no fuera por los esfuerzos de los bancos por aumentar drásticamente las tasas de renegociación.

Los bancos también han utilizado a fondos como Jive para descargar préstamos morosos. El año pasado, Jive recaudó R$500 millones — alrededor del 70 por ciento proveniente de clientes de la banca privada Credit Suisse — para el mayor fondo de activos en dificultades del país. El Sr. Ferreira dijo que ya han gastado el 85 por ciento del fondo, el cual también compra activos inmobiliarios.

Sin embargo, a medida que el nuevo gobierno interino de Brasil comienza sus esfuerzos para sacar adelante las anticipadas reformas laborales y de pensiones, existen señales de que la crisis del país puede estar disminuyendo. De acuerdo con datos de Bloomberg, el costo de asegurar contra pérdidas en los bonos de Brasil con permutas de riesgo crediticio ha disminuido en casi un tercio durante los últimos seis meses, la mayor disminución entre las principales economías del mundo.

Fábio Rosas — un especialista en materia de reestructuración en el despacho de abogados brasileño Souza, Cescon, Barrieu & Flesch Advogados — asegura que, sin embargo, Brasil debe prepararse para incluso mayores solicitudes de bancarrota mientras que las empresas del país continúen sufriendo los efectos de la crisis económica y política.

“Durante los próximos 12 a 18 meses probablemente veremos solicitudes de bancarrota de la misma magnitud que la de Oi, si no mayores”.

Por Samantha Pearson(c) 2016 The Financial Times Ltd. All rights reserved


Fuente:diariolibre.com | 4/7/16 12:00:00 a. m.

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